domingo, 8 de febrero de 2009

pesadilla de nuestra propia destruccion

No me juzges, no es sólo un sueño.
En mi tierra quiero crecer,
visitar quizá el Himalaya,
se que hay mucho por conocer.

Ver jugar a niños pequeños,
y arrullar a algún bebé.
Quiero salvar alguna vida
y admirar a quien la dé.

Una noche en aquella playa
para a tu lado amanecer.
Tantas cosas en esta vida
que se quedarán sin hacer.

Nos ahogamos en la abundancia,
poco más puedes querer.
Hipoteca nuestro destino
por no dejar de vivir bien.

No temas destruír tu herencia,
al final has de perecer.
Pero entre tanto, el despilfarro
tu única ley parece ser.

El aquí y ahora es la norma
da igual lo que pase después.
Al menos durante unos años
conocerás tu falso Edén.

Ahora te sientes culpable,
derrochas generosidad,
y por un par de moneditas
tu absolución crees comprar.

Mientras tu tubo de escape
como amenaza nuclear.
Mientras te bebes una lata
de gran multinacional

que destruya la esperanza
de a quién creías ayudar,
dejando caer en su gorra
lo que sobra del matar.

Convencidos de ser inmunes,
pensamos que no va a acabar.
Hasta que sólo haya una brisa
dentro de un bote de cristal.

Y ya no nos queden más lágrimas
que el sol pueda evaporar.
Cuando no nos queden riquezas
por las que poder pelear.

Cuando se acaben los árboles
y no podamos ni cazar.
Cuando veamos que de monedas
no nos podemos alimentar.

Tal vez abramos nuestros ojos
y por fin pidamos piedad,
con una pequeña esperanza
para esta pobre humanidad.

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